La Navarra de los Quesitos

Llamamos Navarra de los Quesitos al Régimen que se instaura en Navarra después la disolución del PSN-PSOE y la creación  de su Gestora. La Derecha navarra descubre que hay una mayoría social progresista que alguna vez puede articularse como sucedió con el Gobierno Tripartito de Otano (postUrralburu). La Navarra de los Quesitos consiste en invitar al PSN-PSOE a una alianza estratégica única en el Estado español: la Derecha gobernará y “mandará” de tal manera que impedirá una mayoría progresista alternativa con la excusa de “que vienen los vascos”. A cambio compartirá con los colaboradores necesarios el gran negocio de la exclusión política

Es el primer ejemplo de pasokización del PSOE en España y un buen espejo en el que mirarse por parte del PSOE de la Gestora postPedroSánchez, para ver cómo un partido como el PSOE puede acabar siendo irrelevante. El nombre de los “Quesitos” se debe a un popular vídeo en el que un auténtico Miguel Sanz explica a sus simpatizantes -pizarra en ristre- la composición socioelectoral de Navarra y la necesidad de fortalecer al PSN-PSOE desde la derecha.

Así lo explica Miguel Sanz

En entrevista en ABC

Pregunta-¿No va en contradicción con su discurso de que en Navarra el 30 por ciento del voto es nacionalista y que del 70 por ciento restante hay que sacar el 70 por ciento para poder gobernar? ¿No será más fácil sacarlo unidos?

Respuesta– No, que no, que no es así. Lo que es materialmente imposible es sacar el 70 por ciento del 70 por ciento estando juntos. ¿Por dónde vamos a sacar votos nosotros? Por la derecha no, tendremos que sacarlos por la izquierda. No siempre se sacan más votos yendo juntos. ¿Cómo crecemos nosotros por el espacio ideológico del centro si el PP y su política a nivel nacional evitan que nosotros ganemos espacio por el centro?

Y aquí lo explica ante su gente.

La evolución de Navarra hasta la Navarra de los Quesitos*

La Navarra del siglo XX pasó de abuelos analfabetos a nietos universitarios, pasamos de una sociedad agropecuaria a otra más industrial y de servicios, sí, pero los valores y los comportamientos de las élites navarras evolucionaron más bien poco, sin cambios radicales. Navarra fue la única provincia de todo el Estado en que subió la derecha en las elecciones de 1936, alcanzando casi el 72% de los votos, copando así todos los diputados. En la guerra posterior Navarra tuvo un nivel de voluntariado real más alto que otras provincias, y Navarra ostenta también el triste record estatal de fusilados en relación con la población fusilable. Tras la ¿victoria? franquista en 1939, que tantas muertes dejó en Navarra sin que hubiera frente de guerra, las élites seguían conformadas por los que habían ganado. Lógicamente: Navarra ostenta el record estatal de fusilados en relación con la población fusilable. ¿Quién iba a quedar, sino los ganadores?

El franquismo posterior fue aquí autónomo en su desarrollo y con hacienda propia; confianza del dictador de la laureada tierra que tanto dio, y capacidad fiscal que hacía de nuestra tierra un franquismo muy singular. Las élites navarras gestionaron esos 40 años con estilo propio y acuñaron aquello, eso, de “los buenos navarros”. No había malos navarros, porque sencillamente no existían. Ya en el tardofranquismo fueron surgiendo ciudadanos y ciudadanas, en muchos casos hijos e hijas de aquella mayoría foral-católica, que abandonando esos valores de las élites, fueron nutriendo las filas de organizaciones progresistas, de izquierda, vasquistas y abertzales. Fueron conformando “la otra Navarra”. La de “los malos”. Se decía entonces y… qué pena, se dice ahora. Qué pena. Los malos que empezaban a existir, aunque hubiera que ocultar

Tras 40 años de oscuridad, “los buenos navarros” construyeron una identidad –su identidad- que respondía a arquetipos únicos, uniformadores, excluyentes. Los “buenos navarros” encontraron herederos, y las élites se sucedieron a sí mismas para mantener un fabuloso negocio con la palanca de sus resortes autónomos, el Gobierno, la Caja, la Universidad y sus medios de comunicación. Pero no nos equivoquemos, la defensa de esa identidad disfrazada de la defensa de Navarra fue, era y es la defensa de un modelo de negocio que necesita de redes clientelares y colaboradores necesarios. Y esto es lo que ha merecido libros y tesis doctorales como las aludidas. Incluido, cuando hizo falta, el uso de la violencia.

El Cambio que llegó al Estado español con los socialistas se hundió en Navarra: por desgracia, la nave del PSN zozobró en un mar de corrupción de buena parte de sus dirigentes. Digo por desgracia porque, de aquel naufragio, nació el invento que haría perdurar a las élites navarras de siempre en el control de su negocio: la Navarra de los Quesitos. Un negocio que se basaba en la inversión y el gasto a costa del presupuesto público y en la privatización de sus beneficios. Haciendo un símil con el mus, diría que las élites controlaban las obras, lo mayor, la grande; los socialistas y los sindicatos colaboradores necesarios políticos y sindicales afines disfrutaban de las sobras, la txika. Las élites las Obras, los colaboradores las Sobras.

La excusa para esto la daba el terrorismo de ETA poniendo sangre en la política y ensuciando ideales. Y de paso, facilitando que todos los resortes político-institucionales y mediáticos del Estado se pusieran del lado de “los navarros buenos”. Así, Navarra fue tratada como cuestión de Estado y aquí vimos lo que no veíamos en otros sitios. Somos la única Comunidad en la que aquel PSOE postUrralburu de la Gestora se alió gubernamental, política y presupuestariamente con UPN-PP. Como dice un amigo del PSN y de origen madrileño, “cuando vienes a Navarra tienes que dar la vuelta a tus ideas como si fuera un calcetín”.

El resultado de todo esto fue la conversión de lo raro o anormal en normal. Navarra, que tenía una realidad social con una mayoría socio-electoral más progresista que conservadora y más españolista que vasquista (aunque en natural coexistencia) en lo identitario, construyó una mayoría institucional sobre la base identitaria, la manera más rápida de ir al frentismo excluyente. En cambio, en Navarra gobernaba siempre La Navarra de los Quesitos fue construyendo una centralidad política más a la derecha y más antivasca que la realidad social.

Por esa diferencia entre el poder y la realidad social, había dos Navarras muy distintas. Por un lado, la heredera directa de aquellos “buenos navarros”, -la de las obras- que también integraba a la izquierda de las sobras, la Navarra oficial, la de los navarrísimos. Por otro lado, la de los malos navarros, los antinavarros, los poconavarros, la otra Navarra. Así nos hemos sentido muchas navarras y navarros a lo largo de nuestra historia reciente: Antes reprimidos, luego excluidos. Silenciados, en una palabra.

La Navarra de los Quesitos cayó, no sin antes haber dejado en evidencia sus miserias éticas en el aprovechamiento de las instituciones; liquidó la CAN provocando el mayor drama económico para Navarra de los últimos 80 años; puso en peligro el estatus foral con el IVA de VW; agotó la capacidad de endeudamiento de Navarra al tiempo que impulsaba obras tan faraónicas como inútiles, dejando exhausta la tesorería foral, sin haber peleado las competencias de tráfico, no recurriendo las sentencias del Tribunal Constitucional a leyes aprobadas en este Parlamento, no intentando la transferencia de la gestión de la Seguridad Social mientras su socio, el PP con Rajoy al frente, sigue saqueando la hucha de las pensiones… Era demasiado suficiente.

En la primera ocasión en la que la supuesta aquella izquierda de esa “Navarra Oficial” no fue necesaria para sumar otra mayoría, llegamos al punto de poder conformar un Gobierno de Navarra desde un mayoría progresista en lo social y transversal en lo identitario para todas y todos, sin exclusiones (el gran reto político de esta legislatura), un Gobierno que genere igualdad de oportunidades (el gran reto social de esta legislatura). Y en ello estamos, en ello está el Gobierno y en ello va a seguir estando Geroa Bai.

*parte del discurso de Koldo Martínez en el Parlamento de Navarra

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